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Juan Pablo Leal Medina

Juan Pablo Leal Medina

Estudiante de artes escénicas con énfasis en teatro de la universidad de Caldas

Aficionado del teatro desde hace 9 años.
Pierde el tiempo viendo películas de bajo presupuesto y creando contenido aleatorio para redes sociales (@Soypabloleal), escucha lo que sea que le suene bien, desde el Picaflor hasta Bring It On de Nick Cave, dibuja en @Soypabloblu, toca guitarra y batería sin ser virtuoso y la mayor parte del tiempo, si no está triste se la pasa ebrio, por que dice que el aquí y el ahora solo se pueden vivir en el teatro y la fiesta. Se me había olvidado mencionar que la escritura es su terapia favorita para desfogar su ira y miedos.

Domingo o cualquier otro día, tardes de deprimente tranquilidad y arrepentimiento fortuito, reflexión dolorosa de besos y baile, de música y vómito, de palabras vanas y declaraciones de amor falsas, de promesas y planes que no se materializarán, compromiso ridículo con el desconocido y largas noches de desenfreno y libertad, solo importa el aquí y el ahora, ¡Salud!

Maldito estado de conciencia que ahora cargo en mis espaldas, y en mis parpados, y en el mareo y la náusea, estado fastidioso de intolerancia y silencio, de quietud y suero, de deshidratación, estado de fatiga entre lo que fue y la imposible solución de lo que vendrá.

La cerveza fría, las neveras repletas de alcohol, la música comienza lenta, tranquila, las chaquetas tiradas por toda la casa, el perfume y el humo condensan una neblina de riesgos y desvergüenza, un escondite perfecto para que el pecado suceda, lo desean todos, lo buscan todos, asusta y excita, la luz parpadea al ritmo del compás en el que corre una música, de esas que encienden el éxtasis, de esas que hacen que los cuerpos se junten, de esas que nos hacen cardumen y empieza el ritual de sudor y tacto, de caricia y risa, de gritos y rostros entumecidos, una orgía de ritmo y serpientes, de miradas llenas de valor y de palabras que no se dicen en las mañanas de cotidianidad.

Beber se hace sencillo, controlar el cuerpo y la acción todo un trabajo profundo de manejo mental, el cuerpo se libera y la cabeza se hace condescendiente, se activa el instinto y la fiera en la superficie quiere devorarlo todo, a mordiscos y arañazos, un monstruo hambriento que acaba con quien quiera y con quien se interponga, un valor ingenuo que nos predispone al sexo y la riña.

La locura aumenta y somos todos amigos, nos abrazamos, nos perdonamos, nos lloramos y nos confesamos, no importa nada más que lo que ahora sucede, lo que a penas compartimos y nos permitimos, somos uno y componemos un todo de lujuria, pupilas dilatadas, canciones desafinadas, disfonía y movimiento libertino, alguna vieja mojigata lo llamaría “Una completa locura, Sodomitas”.

Me he pasado casi toda la noche bebiendo al ritmo de quien asume el rol de bar ténder, un ritmo a destiempo de la forma en la que puedo embriagarme, muy lento para mi desesperado gusto, no me activa, me pasma, así que lleno las copas y las bebo hasta el fondo, cinco para iniciar, gritar alguna frase ridícula, entrar en la mitad de todos y bailar como un homosexual recién salido del closet, y es que de alguna forma ese es mi anzuelo para generar atracción.

Paréntesis sobre mi sex appeal.

He considerado siempre que los hombres se hacen atractivos por dos razones básicas, la primera es su físico, y la segunda, su talento. Como en la naturaleza, el macho posee ciertas características o cualidades que le permiten atrapar la atención de la hembra, pues si hacemos practico lo anteriormente dicho el hombre puede hacer uso de su belleza o capacidades espaciales para impresionar y conquistar.

Este aspecto no solo lo atribuyo a los hombres, las mujeres de la misma forma lo poseen, no quiero que parezca una visión machista y encerrar mi perspectiva a formas patriarcales, es solo que en la historia que intento contar el protagonista resulto ser yo con intenciones de llamar la atención de una chica, así que mi visión no es global, es introspectiva.

(Ahora, si alguna mujer ensuciada por ideologías feministas equivocadas se ofende, pues, de todas formas, me importa un culo).

Yo, más simple soy, pues nunca se me otorgó, por razones que desconozco la belleza y el talento, por ende, me vi en la penosa obligación de desarrollar una nueva táctica de seducción y lo es la mentira, así es, simple, mi anzuelo es la mentira.

Hay una pequeña sensibilidad que se desarrolló en mí, supongo que, a raíz de mi inseguridad y miedo a convivir, un mecanismo de defensa que impedía enemistades, si con dificultad lidio con mis amigos, no puedo imaginarme como convivir con quienes me odian, que existen, pero son pocos y llevaderos. Por alguna razón poseo cierto talento para hacer lecturas profundas sobre lo que los demás quieren, esperan y desean de mí, entiendo las necesidades y vacíos que esperan que yo supla, las palabras que quieren escuchar, los comportamientos que esperan que adopte, así como también ideologías, ideas, estéticas, entre otras, un don, si es que así se le puede llamar, que funciona bien para mantener buenas relaciones con jefes, amigos, familiares y novias.

Mi hipócrita y austera capacidad actoral me permite entonces hacerme consiente de cada máscara, de cada personaje, de cada hombre perfecto que desea cada quien, y mi vida se vuelve una obra de teatro donde soy falsedad constante y hasta donde olvido quien soy realmente y lo que quiero…

Fragmento de una novela inconclusa.
#ProduciendoEscoria

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