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Eliécer Santanilla

Eliécer Santanilla

Comunicador Social

Magister en Estrategia y Comunicación Política, Fotógrafo, documentalista, Comunicador Social Periodista y especialista en Marketing y web 2.0. Ha sido catedrático Universitario, reportero gráfico y periodista en diferentes medios de comunicación, locales, nacionales e internacionales. Ex director de comunicaciones en organizaciones del sector público y privado. CEO de  la Agencia de marketing y comunicación «Cuarto Poder» y  articulista de diferentes portales de periodismo investigativo y opinión.

La presunta primera línea, por fin desalojó la universidad del Quindío, tras más de un mes de su toma al campus y la dignidad universitaria, que llevaron la peor de las partes; en una puesta en escena arbitrada por el fulgor de las redes sociales y la disparatada escena nacional.

Paredes, chapas y cerrojos violentados, laboratorios destruidos, documentación académica e investigativa destrozada, piscina abarrotada, personal del único punto de vacunación contra la COVID-19 instalado en una IES, hostigado, guardas de seguridad amenazados y funcionarios amedrentados.

La primera línea en la marcha social, nace en Chile cuando un colectivo de ciudadanos  se interpuso entre manifestantes y la fuerza pública. En terminología militar la primera línea o línea de frente, es la posición más cercana a la zona de fuego, es un grupo de contacto, son la carne de cañón, son quienes pelean de frente al enemigo.

Su objetivo es claro: mantener un anillo de seguridad  y resistencia para evitar la dispersión de la masa protestante. Es ponerle el cuerpo a la fuerza  y autoridad desmedida.

Pero cuando un grupo de confrontación cuerpo a cuerpo se atrinchera y además vandaliza un territorio de paz…  como al parecer sucedió en la Universidad del Quindío, pierde su estatus y su postura social. Delante de ellos, no está la fuerza pública y menos detrás se encuentran marchantes o protestantes qué proteger.

Sólo son un grupo promulgador del caos y la desidia, irreverentes y transgresores, promotores de la ira y la frustración colectiva, disidentes de la moral y el marco legal. Vociferan, gritan y hablan sin ninguna coordinación o dirección, a diferencia de la real primera línea, no protegen, no los circunda el heroísmo de estar en desventaja, pareciera que no saben lo que hacen y si al contrario fuera, líbranos señor de nuestros jóvenes.

Ellos tácticamente se han atrincherado en el campus de la universidad, para dar rienda suelta a todo su desdén e ira. Detrás de ellos no marcha nadie a la espera de su intervención salvadora, tampoco enfrentan ninguna fuerza desmedida que pretenda reducirles.

Al contrario, fueron sorprendidos con gestos de paz, chocolate caliente y abrazos por parte de funcionarios del alma máter y nobles discursos rectorales sobre la autonomía universitaria y el respeto por las luchas y la protesta social.

Hemos visto cómo se enfrentan entre ellos y hasta se ajustician a sí mismos, parece que, al contrario de la real primera línea, esta goza de una justicia inoperante y de la impotencia de la fuerza pública.

¿Quién los trajo?, ¿Que los motiva?, ¿Quienes los financian?, son interrogantes con muchas respuestas, pero pocas certezas.

Mientras tanto; la tugurización del alma máter y zonas aledañas, generó el lamentable efecto que expuso Philip Zimbardo profesor de la Universidad de Stanford (EE.UU.)  en su  teoría de las ventanas rotas.

El ejercicio  que dio pie  a su planteamiento, consistió en abandonar dos autos idénticos. El primero de ellos fue dejado en un sector distinguido, y el segundo en el Bronx, zona de pobreza e inseguridad. ¿El objetivo? Estudiar el comportamiento humano, con elementos disímiles desde la perspectiva de la psicología social.

A  pocas horas de ser abandonado, el auto del Bronx comenzó a ser ‘desvalijado’: perdió los espejos retrovisores, el radio, sus llantas, el motor y hasta la cojinería. Todo lo de valor fue retirado y el auto se encontró  en un deplorable estado. En contraste, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo indemne.

Después se rompió una ventana del auto ubicado en Palo Alto, desatando un proceso similar al del Bronx: rota la ventana, se dio el saqueo y el  vandalismo, dejando el auto en condiciones lamentables.

La universidad es ese auto, con las ventanas rotas… la cojineria y el motor vandalizado…

la ­­supuesta primera línea allí apostada  rompió el primer vidrio, y la joven recientemente asesinada, al parecer en un atraco en inmediaciones de la universidad,  es el cristal social hecho trizas….Es la vandalización que como imanada busca centros de acopio.

¿Qué responderá la Alcaldesa de Bogotá Claudia López, cuando se entere que en el Quindío, se grabó a un directivo del  partido verde, patrocinando e incentivando a los promotores de los actos vandálicos contra la Universidad?

 

 

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